
Claudia Pizarro ha sabido abrirse camino con paso firme en el agro de nuestro país, y hoy goza de un reconocimiento que ha sido fruto de su esfuerzo y trayectoria. Y aunque se piense que ser mujer le ha jugado en contra, lo cierto es que ha sido “una oportunidad para mostrar que, con trabajo, dedicación y pasión, podemos contribuir de manera significativa en cualquier ámbito”.
Hablar de Claudia Pizarro es hablar de una de las principales referentes del riego tecnificado y, además, de una de las expertas en gestión hídrica integral en el sur de Chile. Así es parte del camino que ha trazado esta ingeniera civil y también directora de la Fundación Antonio Hitschfeld, quien ha sabido posicionarse con paso firme en un área predominantemente masculina.
“Ha sido un camino de aprendizajes, desafíos y reinvención constante, pero cada paso ha valido la pena”, cuenta Claudia, una mujer con un enfoque claro y que ha sabido construir una historia inspiradora. Y hoy la comparte con nosotros.
Eres una profesional exitosa, sobre todo en el riego tecnificado del sur de Chile, además de directora de la FAH y, en lo personal, mamá de cuatro hijos, ¿cómo llegaste a labrar este recorrido?
Desde el inicio de mi carrera, supe que quería diferenciarme y aportar en un área clave para la agricultura. Cuando comencé a trabajar en riego tecnificado hace 30 años, el agua no era un problema en el sur de Chile, pero yo veía el potencial de optimizar su uso. Con el tiempo, el cambio climático y la escasez de agua confirmaron la importancia de esta especialización.
Sin embargo, mi historia no ha estado exenta de desafíos. Hace seis años, cuando la disponibilidad de agua comenzó a disminuir drásticamente, tuve que reinventarme. Pasé de enfocarme en infraestructura de riego a liderar una estrategia de gestión hídrica más integral, ayudando a los productores a hacer un uso eficiente y sostenible del recurso.
En paralelo, mi mayor motor siempre ha sido mi familia. Como madre de cuatro hijos y ahora abuela, siempre he querido ser un ejemplo de esfuerzo y pasión. Y hoy, con una de mis hijas trabajando a mi lado en la empresa, siento que ese legado sigue creciendo. Es una muestra de que cuando hacemos las cosas con pasión, convicción y propósito, inspiramos a otros a sumarse a la causa.
¿Qué significa para ti ser la directora de la FAH?
Es un honor, pero sobre todo es una gran responsabilidad. La fundación representa un espacio donde convergen la experiencia, la innovación y el compromiso por un agro más sostenible. Para mí, es la oportunidad de contribuir de manera concreta al futuro del sector, ayudando a prestadores de servicios del agro de la zona sur a multiplicar oportunidades, de forma tal que puedan escalar más rápido en el desarrollo de sus negocios.
Además, significa liderar un equipo increíble, comprometido con generar cambios reales. La FAH no es solo una organización; es una plataforma para transformar desafíos en oportunidades, con la cabeza firme en los resultados y el corazón puesto en las personas que van liderando cada uno de sus proyectos.
Dentro de tu gestión, ¿cuál es el foco que persigues para liderar la fundación?
Mi foco es claro: generar impacto real y sostenible en el sector agropecuario del sur de Chile. Liderar la FAH implica impulsar estrategias que permitan a los prestadores de servicios del agro escalar sus negocios, fortalecer sus capacidades y abrir nuevas oportunidades de desarrollo. No se trata solo de solucionar problemas a corto plazo, sino de construir soluciones que perduren en el tiempo y que contribuyan a la sustentabilidad del sector.
Además, pongo especial énfasis en la colaboración. Creo firmemente en que los grandes cambios no se logran en solitario. Por eso, trabajamos en alianzas estratégicas con empresas, instituciones y el propio ecosistema agrícola, para que juntos podamos acelerar el crecimiento de quienes hoy están apostando por el desarrollo del agro. Esta visión se refleja en Agro Escala, nuestro programa que brinda apoyo a los prestadores de servicios a través de cuatro áreas clave: capacitación, mentoría, un fondo concursable y, lo más importante, la Comunidad FAH. Esta comunidad es el pilar de nuestro enfoque colaborativo, un espacio donde los emprendedores pueden compartir experiencias, generar sinergias y fortalecerse mutuamente.
Y por último, pero no menos importante, lidero con convicción y cercanía. No basta con diseñar proyectos desde un escritorio; hay que estar en terreno, escuchar a quienes enfrentan los desafíos día a día y trabajar con ellos para encontrar soluciones viables.
¿Cuáles han sido los grandes desafíos que has enfrentado en la dirección?
Uno de los mayores desafíos ha sido construir desde cero una fundación filantrópica con el objetivo de ser un referente en la zona sur de Chile, ayudando al desarrollo agrícola. También el desarrollo y gestión del programa Agro Escala ha sido un reto importante. Este programa apoya a los prestadores de servicios del agro mediante una plataforma abierta de postulación, capacitación, mentoría, un fondo concursable y la creación de una comunidad FAH. Todo esto requiere una gran coordinación y compromiso.
Además, al ser parte de un equipo de cinco directores, se requiere mucho trabajo en conjunto para alinear objetivos y mantener la visión de la fundación. Este año, con la contratación de una jefa de proyecto exclusiva para Agro Escala, estamos fortaleciendo aún más nuestra capacidad de generar impacto directo en el sector.
¿Cuál consideras ha sido el gran aporte de la FAH al sector del agro en el sur de Chile?
El mayor aporte que ha hecho la FAH en la zona ha sido visibilizar la importancia y el impacto de los prestadores de servicios en el sector agrícola. Estos profesionales, que durante años trabajaron en silencio, son clave para el desarrollo de la agricultura, pero nunca habían contado con el apoyo o el reconocimiento adecuado. La FAH ha logrado generar un espacio de colaboración y trabajo conjunto, donde los prestadores de servicios pueden potenciar sus capacidades, mejorando la eficiencia y la calidad de los servicios que brindan.
Esto tiene un impacto directo en los agricultores, quienes, al contar con servicios de calidad, pueden enfocar su energía y recursos en su negocio principal, mejorando su productividad y el desarrollo de la región. Mientras los prestadores de servicios escalan sus negocios, el sector agrícola como un todo se beneficia, creando un círculo virtuoso de crecimiento y colaboración
Dentro de los programas clave de la FAH se encuentra Agro Escala, ¿cómo ha sido la experiencia de liderar esta iniciativa?
Liderar Agro Escala ha sido una experiencia extremadamente enriquecedora y desafiante. Este programa es una de nuestras principales apuestas para fortalecer a los prestadores de servicios del agro, brindándoles capacitación, mentoría, acceso a un fondo concursable y, lo más importante, la oportunidad de ser parte de una comunidad con sello FAH, donde la colaboración y el aprendizaje mutuo son claves.
Ver cómo estos prestadores de servicios crecen, mejoran sus procesos y logran escalar sus negocios ha sido muy gratificante. Cada historia de éxito refuerza nuestro compromiso con el programa y nos da la motivación para seguir adelante. Agro Escala va más allá de la capacitación técnica, se trata de fortalecer la red de apoyo en la que los prestadores se sienten parte, aprendiendo unos de otros, compartiendo desafíos y éxitos, y construyendo juntos un agro más competitivo y sostenible
Si piensas en la FAH en 10 años más, ¿cómo la visualizas?
Dentro de 10 años, visualizo a la Fundación Antonio Hitschfeld como un referente absoluto en el apoyo al desarrollo de la agricultura en la zona sur de Chile. No solo seremos una fuente vital de recursos, capacitación y mentoría para los prestadores de servicios, sino también un modelo de colaboración, innovación y sostenibilidad para la región.
Además, confío en que la FAH habrá dejado un legado sólido, en honor a don Antonio Hitschfeld, con más generaciones comprometidas con el trabajo en la tierra y un impacto directo en el bienestar de nuestra comunidad. En este sentido, el mayor éxito que visualizo es que más actores se sumen a la causa, con diferentes formas de apoyo, para asegurar que la fundación continúe creciendo y tenga la capacidad de mantenerse en el tiempo. Si esto empieza a suceder, significa que realmente habremos logrado el cambio, alcanzando la sustentabilidad del modelo a largo plazo, algo que permitirá seguir impactando positivamente al sector y a la comunidad por muchos años más.
¿Cómo definirías tu camino, más aún siendo mujer en un contexto en el que tradicionalmente prepondera lo masculino?
Mi camino ha sido una constante búsqueda de equilibrar pasión, trabajo y valores, siempre con un fuerte compromiso hacia la familia y la comunidad. Si bien ser mujer en un campo predominantemente masculino puede haber presentado retos, me he enfocado siempre en lo que puedo aportar desde mi rol, liderando con profesionalismo, determinación y empatía. Creo firmemente que la capacidad de liderazgo no tiene género, y he aprendido que lo que realmente importa es cómo gestionamos los recursos, el equipo y las ideas para generar un impacto positivo.
Mi historia personal y profesional está marcada por la resiliencia y la perseverancia. He sabido adaptarme a los cambios, aprender de las dificultades y mantenerme fiel a mis principios. Lo que me ha ayudado a avanzar ha sido la confianza en mis capacidades y el apoyo incondicional de las personas a mi alrededor, especialmente de mi familia, que siempre ha sido mi principal motor.
El ser mujer en este contexto no ha sido un obstáculo, sino una oportunidad para mostrar que, con trabajo, dedicación y pasión, podemos contribuir de manera significativa en cualquier ámbito. He buscado ser un ejemplo para mis hijos, y ahora mis nietos, demostrando que pueden ser lo que se propongan, sin importar las barreras que encuentren en el camino.